Variación del TEA a lo largo de la vida
- Liz Montejano Fluchaire
- 19 ago 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 26 sept 2023
Existe constancia de que las manifestaciones intensas y evidentes del TEA durante la infancia, decrecen hacia la adultez en función de las intervenciones y discapacidades asociadas; mientras que las manifestaciones leves del autismo que pasaron inadvertidas durante la infancia y adolescencia, se agudizan y revelan al iniciar la etapa de la adultez.
El trastorno del espectro autista (TEA) se considera actualmente una condición del neurodesarrollo de aparición temprana. Los estudios de seguimiento del autismo comprobado clínicamente sugieren que los síntomas autistas generalmente disminuyen con la edad, aunque la mejoría de los síntomas es limitada para algunos (2). Hasta la fecha, prácticamente todos los estudios de seguimiento en la edad adulta se han realizado en pacientes remitidos a la clínica durante la infancia, lo que impide el estudio de personas que pueden no presentar niveles altos de síntomas hasta la adolescencia o la edad adulta; épocas que representan mayores desafíos sociales (relaciones románticas, la transición al empleo y la gestión de una vida independiente). Existe una creciente apreciación de que algunos individuos afectados, especialmente mujeres, pueden presentarse en la clínica con síntomas autistas en la adolescencia, más tarde, o no presentarse en absoluto al “camuflar” o compensar sus dificultades (3).
Con el fin de comprender la trayectoria del TEA, se realizó un estudio en el Reino Unido en personas entre los 7 y los 25 años de edad, empleando como base la lista de verificación de trastornos sociales y de la comunicación de 12 ítems (SCDC; rango posible, 0–24) para evaluar la reciprocidad social, habilidades de interacción, habilidades comunicacionales, problemas conductuales y deterioro funcional (4).Se identificaron tres clases distintas de trayectoria de síntomas de SCDC: baja (88,5 %), en declive (5,0 %) y emergente tardía (6,5 %). Tanto la clase de trayectoria en declive como la de aparición tardía se asociaron con medidas de TEA en niños y adultos, coeficiente intelectual bajo, problemas de comunicación, problemas con los compañeros y peor funcionamiento en adultos en comparación con la clase de trayectoria baja. Se concluyó que los autistas con rasgos más acentuados en la niñez enfrentan mayores desafíos en esa etapa; mientras que aquellos en quienes se manifiesta de forma tardía tienden a tener mayores dificultades en la adultez.

Para los investigadores Livingston y Happé, la clase de trayectoria de síntomas de TEA de aparición tardía resultó inesperada dado que el TEA se define como un trastorno del neurodesarrollo de inicio en la infancia. Sin embargo, el grupo de aparición tardía mostró niveles (elevados) de deterioro en adultos similares a los de la clase de TEA en declive. Aunque los síntomas de aparición tardía han sido una controversia creciente en relación con la similitud con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH); lo cierto es que, conforme al estudio, no parecen haber dificultades de desarrollo neurológico emergentes completamente nuevas. Por lo tanto, puede ser que los síntomas del TEA estuvieran “camuflados” en la infancia para este grupo, tal vez como resultado de ambientes acomodaticios, andamiaje de las familias o características individuales que les permitieron compensar durante este período de desarrollo, pero que con las crecientes demandas sociales, habilidades con la edad, las dificultades sociales se hicieron más evidentes y especialmente cuando se presentan cambios significativos de vida (por ejemplo la transición a la universidad o al mundo laboral).
A diferencia del diagnóstico en adultos, mucha de la información procesada en las evaluaciones de niños con sospecha de TEA proviene de los padres; así también de adultos con discapacidad intelectual o verbal. Estos mismos investigadores, plantearon que una explicación probable al fenómeno antes descrito, es que en la edad adulta las personas tienen una mejor comprensión que sus padres de algunos de sus propios síntomas de TEA relacionados con el comportamiento social y la interacción. La teoría se constató mediante el cotejo de autoevaluaciones de adultos autistas con los rasgos registrados en la investigación; lo que resalta la importancia de incluir como parte del diagnóstico el riesgo autopercibido y la angustia autoinformada en este sector de la población. También esto podría indicar que la disminución de los síntomas observados para aquellos con altos niveles de síntomas en la infancia podría estar influenciada por los efectos del evaluador. Otra posibilidad es que los padres respalden los síntomas autistas en sus hijos adultos con mayor facilidad cuando existe una discapacidad: observamos que, aunque la tasa de alto riesgo autopercibido de TEA fue similar en los grupos de trayectoria de aparición tardía y en declive, la angustia autoinformada y el deterioro fue mayor en la clase emergente tardía. Independientemente de ello, parece que el TEA que surge más tarde es problemático en la edad adulta en una variedad de medidas y evaluadores.
Referencias
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